Mientras decenas de operarios montaban un enorme palco frente a la Casa Rosada y unos cuantos músicos probaban el sonido para la Fiesta Patria Popular, que encabezará este sábado Cristina Kirchner, Amado Boudou ingresó por la explanada y se reunió en Balcarce 50 con el jefe del Gabinete, Jorge Capitanich.
El vice fue a solicitar un fuerte y explícito respaldo político del Gobierno tras ser citado a juicio oral en una causa por irregularidades en la documentación de un automóvil particular, situación que lo dejó ante la amenaza de un total aislamiento dentro del oficialismo, consigna La Nación. Como muestra de apoyo, Capitanich y otros funcionarios hicieron una fuerte defensa política de Boudou.
"Cada vez que viene a la Casa Rosada está presionando, porque algunas cosas sabe", aseguró otro funcionario oficial en estricta reserva al citado matutino.
Incluso, reclamó ayer a Capitanich un lugar cerca de Cristina Kirchner durante el acto en el que hoy se conmemorará el 31° aniversario del retorno de la democracia. Será una convocatoria masiva y amplia a todos los sectores sociales a la Plaza de Mayo, aunque el discurso de Cristina podría transformarse en una reivindicación política del gobierno kirchnerista.
"Precisamente, la expectativa está puesta en si Boudou va al acto de hoy y si se ubicará cerca o lejos de la Presidenta en el palco oficial", decían en Balcarce 50. Tal es así que el vicepresidente ingresó en Balcarce 50 cerca de las 16 en un absoluto sigilo, en su automóvil oficial y con otro de custodia. Se retiró cerca de las 17.
En tiempos mejores, allá por 2011, Boudou se había acostumbrado a las luces y a quedar por su condición de rockero, y de favorito de Cristina, como centro de atención en los mitines kirchneristas en los que proliferaban los shows en vivo de las bandas de música popular.
Pero desde 2012 su situación política y judicial se complicó. Ahora se agravó porque el juez federal Claudio Bonadio elevó a juicio oral la causa en la que había procesado a Boudou por falsificación de documentos por la compra de un auto importado. Previamente, la Cámara Federal había rechazado la nulidad del proceso que habían planteado los abogados de la defensa del vicepresidente.
También Boudou está comprometido en el caso Ciccone: la Cámara Federal podría ratificar en estos días el procesamiento dispuesto a mediados de año por parte del juez federal Ariel Lijo, que lo investiga por cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública. Además, el vicepresidente está acusado en otra causa por supuesto enriquecimiento ilícito, entre otros casos.
En medio de su creciente preocupación, Boudou no pudo entrevistarse ayer con la presidenta Cristina Kirchner, que permaneció todo el día en la residencia de Olivos.
Sólo se pudo encontrar con Capitanich y también saludó al canciller, Héctor Timerman, que pasó por Balcarce 50 para dirigirse junto al jefe del Gabinete al Foro Empresario del Mercosur en Tecnópolis.
Si bien el Gobierno no puede interceder ante los jueces que lo investigan, el planteo de Boudou consiste en que el aislamiento al que lo sometió la Presidenta lo debilitaría ante los investigadores porque, al verlo sin respaldo, intensificarían más sus pesquisas en causas que podrían salpicar también a otros funcionarios del kirchnerismo y al propio Néstor Kirchner.
En ese sentido, Capitanich le dio garantías al vicepresidente de que el Gobierno se mostrará cerca de él.
Postura del GobiernoEl jefe de Gabinete había defendido en público a Boudou, al asegurar que sufre una "estrategia judicial y mediática de hostigamiento", y sostener que "la elevación de una causa a juicio oral no implica juzgamiento". Capitanich advirtió además que "toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario".
También la ministra de Seguridad, Cecilia Rodríguez, destacó que el vicepresidente "se ha puesto a disposición de la Justicia como corresponde".
En cambio, el senador Aníbal Fernández tomó más distancia y dijo que "no haría análisis políticos de causas penales", mientras que el diputado Jorge Landau admitió que el caso "no es una situación cómoda" para el Gobierno.
Los legisladores kirchneristas temen que el desgaste de Boudou afecte sus aspiraciones electorales con miras a 2015 por cuanto muchos de ellos deben renovar sus bancas.
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