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Con el cambio en la SI se endurece el Gobierno con jueces y opositores


"Cristina tiene dos obsesiones para las elecciones de 2015: Massa, porque si gana buscará la jefatura del peronismo, y los jueces que la investigan. Y cree que ambos son socios y sus principales amenazas", confiaron a LA NACION altos funcionarios de la Casa Rosada.
El primer paso de Parrilli hacia ese objetivo fue la limpieza de "la Casa". Echó al viejo secretario de Inteligencia, Héctor Icazuriaga; al subsecretario, Francisco "Paco" Larcher; al director general de Operaciones, Antonio "Jaime" Stiusso, y le quitó el cargo al director de Análisis, Alberto Massino, que pese a que respondía a Stiusso permanecerá en la ex SIDE luego de unas vacaciones. Algunas versiones indican que también se irá Santiago Vila, director de Observaciones Judiciales (OJ), que interviene comunicaciones por órdenes judiciales, aunque no fue confirmado oficialmente.
No hay nombres para los reemplazos. No se descarta que Milani, el flamante secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, la agrupación La Cámpora o el mismo Parrilli propongan funcionarios civiles de su confianza para reemplazar a Stiusso y a Massino. Uno podría ser de la misma Secretaria: el director de Reunión Interior, Fernando Pocino, un incondicional de Cristina Kirchner y subordinado de Milani. También se menciona a Leandro Parrilli, el hijo del funcionario, que milita en La Cámpora.
Stiusso y Massino controlaban los archivos y las carpetas de información de inteligencia. "Por eso, ahora podrían movilizar archivos contra opositores y jueces", dicen en Gobierno. "Todo eso se irá mirando día a día, según las necesidades", confiaron a LA NACION.
"Se intentará que no haya intrusos", dijo una fuente oficial. Hace meses, Parrilli sufrió el robo de su notebook cuando era secretario de la Presidencia. Colocó a Larcher en la mira. Se montó un scanner para todos los que entran y salen de Balcarce 24. "Ahora Parrilli está en la SIDE y echó a todos", ironizó una fuente oficial.
Los fondos reservados los administraba Larcher. Era un presupuesto de 686 millones de pesos en 2014. Eso pasó a manos de Parrilli, quien descubrió que los agentes cobraban sueldos más bajos que lo que se reportaba al Ministerio de Economía y que la diferencia tenía destinos desconocidos.
La SI padece un profundo deterioro logístico, tecnológico y de infraestructura edilicia: desde la cafetería y los aires acondicionados, hasta los televisores y las computadoras eran obsoletos. Parrilli se propuso renovarlos para poder tener al organismo operativo y alineado con las prioridades de Cristina Kirchner. Las delegaciones del interior estaban diezmadas. La de Mar del Plata tiene cuatro agentes y la de Salta, siete. Son lugares, fronteras y puertos clave para el control del narcotráfico.
El primer paso que Cristina le ordenó a Parrilli es neutralizar a la SI. El Gobierno les atribuía a Larcher y a Stiusso la presión y el flujo de información a los jueces para que aceleraran investigaciones contra ella y dice que lo hacían a través de operadores judiciales que hasta hace dos años eran del propio Gobierno.
La confianza se rompió en 2012, cuando Cristina firmó el pacto con Irán por la causa AMIA: Larcher y Stiusso quedaron descolocados frente a servicios de inteligencia extranjeros como la CIA y el Mossad.
Para negociar con los jueces federales, la Presidenta designó en el lugar de Larcher a Juan Martín Mena, que era jefe de Gabinete del ministro de Justicia, Julio Alak, respetado y de fluidas relaciones en los tribunales de Comodoro Py. Pero magistrados y fiscales dejaron trascender que "las causas están demasiado avanzadas y el nuevo negociador llegará tarde y mal".
Con Stiusso podrían irse de la ex SIDE varios de los 20 agentes que trabajaban con él en el monitoreo de las fronteras, el terrorismo, narcotráfico y la contrainteligencia.
Cristina considera que Stiusso era parte del problema y no de la solución. No lo echó antes por temor a represalias, pero se convenció luego de que era más peligroso en la SI.
En la Casa Rosada aseguraron a LA NACION que "Stiusso se enteró que iba a ser echado y le dio un reportaje a Noticias para mandar el mensaje: «yo hablé siendo agente, imaginen lo que haría si no lo soy»". Los allegados a Stiusso negaron posibles revanchas. Y éste le dijo a un viejo conocido: "Me fui porque no soportaba más. Es un clima insufrible. Están todos locos y es imposible tanta arbitrariedad y peleas".

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