En el templo de Shah Daula, en la remota ciudad paquistaní de Gujrat, subsiste una centenaria tradición donde confluyen la crueldad y la devoción. Niños afectados por un trastorno neurológico, la microcefalia, mendigan en ese sitio de peregrinaje para los musulmanes, que viajan en busca de un remedio para la infertilidad o algún padecimiento de sus hijos. Los llaman chuhas, los cabezas de rata.
Una dolorosa tradición
Desde hace unos 300 años las mujeres paquistaníes que no han podido concebir acuden a este santuario. Aquí se veneran los restos de Shah Daula, un santo sufí que vivió en el siglo XVII. Ellas le piden a su dios la bendición de la fertilidad, pero a cambio deben prometer que entregarán su primer hijo al servicio del templo. Según la leyenda, el primogénito siempre sufrirá de un handicap mental.
Los bebés deformados, al crecer, cumplen una importante misión: colectar las limosnas que los devotos, por mandato del Islam, entregan para el mantenimiento del edificio y sus celadores. Los musulmanes creen que ofrecer donaciones a un menor discapacitado y ser tocados por ellos asegura el favor divino. Lo contrario se castiga con la peor de las maldiciones.
Pero esa muestra de la fe, tan común en religiones que intercambian promesas por auxilios celestiales, ha alcanzado extremos trágicos en Gujrat. Las sucesivas generaciones de “niños cabeza de rata” que han pululado por esa urbe del noreste paquistaní han despertado la sospecha. ¿Por qué han nacido tantos casos de microcefalia en esta zona? ¿Una causa natural o la manipulación de grupos criminales para lucrar con la caridad musulmana?
Las mafias de la limosna
Ningún extranjero sabe con certeza lo que ocurre en los alrededores del templo de Shah Daula. Las diversas hipótesis se desmienten y confunden a quienes tratar de comprender la historia de los chuhas. Años atrás un prestigioso científico paquistaní concluyó que no había razones genéticas detrás de la proliferación de los niños con microcefalia. Esa sobrepoblación se justificaba por el uso de instrumentos medievales para alterar el crecimiento natural de la cabeza de los bebés.
Pero este experto desapareció del radar de los medios tras sus controversiales declaraciones. Los pobladores, por su parte, preferían llamar tumores a las deformaciones voluntarias: un eufemismo para ocultar el horror.
Otra teoría explica que las anormalidades en el desarrollo mental de estos niños ocurren por laendogamia, un fenómeno común en determinadas regiones de Asia. Sin embargo, este razonamiento médico nada dice de la extraña presencia de los “niños cabeza de rata” en las inmediaciones de Shah Daula, aún después de que las autoridades paquistaníes prohibiesen la entrega de bebés discapacitados al santuario.
Reportes de prensa aseguran que las familias pobres de Gujrat y las localidades cercanas pueden vender a sus hijos con handicaps mentales por un precio en torno a los 1.000 dólares. Los compradores los obligan luego a mendigar en plazas de la ciudad, cerca del templo, donde ganan unos 10 dólares diarios. Ese monto representa una fortuna en un país donde el salario medio está lejos de los 100 dólares mensuales. La policía local mantiene la vigilancia en Shah Daula, pero no mucho más allá.
Los “niños cabeza de rata” sufren con frecuencia la explotación sexual. La discapacidad mental les impide denunciar a quienes los utilizan como esclavos y luego se aprovechan de su indefensión.
A pesar del drama difícil de ignorar, la fe empuja a los peregrinos a Shah Daula desde cualquier rincón del planeta. La leyenda de la fertilidad y la buena suerte que ofrecen los chuhas ciega a quienes solo les queda, como último recurso, creer.


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