En medio de la guerra de espías, y después de haber sido filmado en la intimidad de su arribo en el último viaje a Miami, Daniel Scioli quedó preso del recelo y activó medidas preventivas. Una de las primeras, de carácter más doméstico, retrata la inquietud sobre propios y ajenos: prohibió a sus custodios llevar teléfonos celulares -capaces de fotografiar y grabar- cuando lo acompañan, quedando sólo habilitados para el uso de handies.
En la gobernación, la estrategia es no emitir palabra sobre el extraño episodio en suelo norteamericano -del que aseguran tener más detalles de los que se filtraron- ni sobre el descabezamiento de la Secretaría de Inteligencia (SI) que ejecutó Cristina Kirchner, el martes pasado.
Como si fuera una mancha venenosa, temen que el affaire los salpique y se les vuelva en contra en la antesala de la campaña electoral, y cuando intentan tejer su propio juego en el mundo gris de los agentes.
El silencio actual contrasta, por caso, con la actitud vehemente que tuvo Scioli cuando le tomaron imágenes, de realización menos sofisticada, en un partido de futsal, en Pilar, en pleno desastre por inundaciones en el conurbano.
Aquella vez, a principios de noviembre, el ex motonauta tildó de "operación" la maniobra y apuntó, sin dar precisiones, a Sergio Massa. Ahora, la intención es desinflar el impacto del nuevo video, que desató una fuerte polémica por tratarse de un vuelo privado (ver aparte).
"El operativo que le montaron a Daniel en un lugar tan restringido como un aeropuerto estadounidense fue un mensaje: pueden llegar a cualquiera, donde quieran", arriesga ante LA NACION uno de los pocos funcionarios que accedió a abordar, en reserva, el tema.
El despliegue de por lo menos tres cámaras en distintos puntos, una de ellas con trípode incluido; la edición profesional y el conocimiento del horario y lugar del aterrizaje en el aeropuerto internacional de Fort Lauderdale, los llevó a pensar que tuvo participación algunas de las tribus de la SI, desmadrada por peleas intestinas.
Distinguen tres etapas en el proceso, que pueden o no tener la misma autoría: la decisión de seguirlo, la grabación y la difusión, con una pata en Estados Unidos y otra acá. Después de averiguaciones propias, dicen tener más respuestas para los últimos dos tramos.
El frente con los espías no termina allí. El mismísimo Jaime Stiusso, un peso pesado que manejó durante años los resortes de la ex SIDE, metió en el lodo al gobernador y candidato presidencial.
Lo hizo al arrimar a la Justicia supuestos mensajes de texto con amenazas de muerte. Uno de ellos, sin vueltas, dice: "Scioli y [Hugo] Matzkin [jefe de la policía bonaerense] se pudrieron, te van a liquidar". Ninguno de los dos mencionados, ante la consulta de LA NACION, quiso hacer comentarios.
El viejo enfrentamiento entre la fuerza de seguridad provincial y la Secretaría de Inteligencia recrudeció el año pasado, después del confuso asesinato de Pedro Viale, "El Lauchón", un agente que reportaba a Stiusso, ocurrido mientras el grupo de elite Halcón allanaba su residencia en Moreno por una causa vinculada al narcotráfico.
Para un sector de la SI, se trató de un golpe contra el espía más poderoso del organigrama porque su protegido avanzaba sobre negocios de drogas de la bonaerense.
Cerca de Matzkin, claro, lo niegan y concentran sus esfuerzos en evitar que la inquina genere desorden puertas adentro de la policía. Lo último que quiere Scioli es un desborde de uniformados activos y retirados con influencia que prestan servicios por cuenta propia.
¿Con quién cuenta Scioli de aliado en el submundo de la inteligencia? En otra época supo tener cercanía con Frank Holder, ex agente de la CIA devenido en consultor vip, pero su real asesor en temas de seguridad es el ex jefe Montonero Mario Montoto, un empresario que selló una amistad de fierro con el gobernador.
Pero además se convirtió en el principal proveedor de cámaras en la provincia, un negocio millonario. En la reciente presentación del libro del mandatario, el ex secretario de Mario Firmenich estuvo como invitado preferencial, sentado en la misma mesa que el empresario de medios Daniel Hadad y el fiscal Carlos Stornelli, postal que ilustra el mapa de relaciones del universo naranja.
Dentro de la estructura estatal, el camino es más sinuoso. Si Massa cuenta con el patrocinio de Francisco Larcher, segundo en la jerarquía de la SI hasta que Cristina lo echó por deslealtad, Scioli también busca hacer pie.
Algunos destacan su relación actual de "no conflicto" con el jefe del Ejército, César Milani, un general ("peronista, al fin", dicen) que oficia de verdadero proveedor de secretos a la Presidenta.
Y hablan de un nexo con Fernando Pocino, director de Reunión Interior de la Secretaría y rival interno de Stiusso.
Llama la atención porque el espía siempre estuvo vinculado al ala izquierda de Gobierno, como la ex ministra de Defensa, Nilda Garré.
Otros funcionarios sciolistas, en cambio, niegan la cercanía. Quizá porque sea puro humo o, si es que existe, para no dinamitar un puente preciado con su sola exposición. Después de todo, la jefa sigue siendo Cristina.
De recorrida por Chubut y con el apoyo de Buzzi
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, continúa su gira por el interior para reforzar su candidatura a presidente. Ayer, junto al mandatario chubutense, Martín Buzzi, instó a los gobernadores del Frente para la Victoria a seguir trabajando en "conjunto" y con "coherencia" a fin de triunfar en las elecciones del próximo año. Además, tras un recorrido por la ciudad de Trelew, Scioli remarcó la necesidad de seguir en "la reindustrialización del país, que lleva adelante Cristina Kirchner, para que en las provincias se abran cada vez más persianas y haya cada vez más trabajo".Y agregó: "Es muy importante, desde el Estado y la banca pública, tener esas acciones que lleven a que el crédito esté al servicio de los sectores populares, de las pequeñas y medianas empresas, para darles más posibilidad de producir y seguir avanzando en la reindustrialización de nuestro país".
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